Es la política, estúpido

Domingo 20 de octubre de 2019
 Gonzalo Peltzer

Por Gonzalo Peltzer gpeltzer@elterritorio.com.ar

Se dice que quien acuñó la frase es la economía estúpido, fue Bill Clinton… pero no: el inventor fue James Carville, un asesor político de Clinton, que basó en tres ejes su campaña contra George Bush padre, que se presentaba para su reelección y el segundo era the economy, stupid. A esa idea los politólogos atribuyen el triunfo de Clinton en la elección de 1992, que parecía imposible dada la buena imagen de Bush.
Permíteme cambiar economía por política en la frase de Carville, no porque no crea que es una buen eje de cualquier campaña, sino porque la economía y la política son dos bueyes que tiran del mismo carro y son igual de importantes. De hecho, cuando Carville colgó el cartel con los ejes de campaña en los cuarteles generales del Partido Demócrata estadounidense, estaba haciendo política y de la buena.
Es la política, estúpidos, es la recomendación al partido en el poder que pretende su reelección a fuerza de pura economía, pero para atrás. Resulta que han llegado a la situación tan sorprendente de tener que decirnos que hay que votarlos porque ahora van a hacer lo que no hicieron hasta ahora. Aceptan que dejaron de hacer lo que tenían que hacer para que no les pase lo que les pasó. Es decir, que si hubieran hecho lo que habían prometido, capaz que hoy no necesitaban hacer malabarismos con los gestos porque probablemente no les hubiera ido tan mal como les fue. Y si les hubiera ido igual de mal, por lo menos hubieran hecho lo que habían prometido…
Poco después de las Paso apareció un extenso informe en el diario La Nación de Buenos Aires sobre los votos en la Villa 31, la de Retiro, que están transformando en una especie de Puerto Madero de los pobres. Decía la nota que en la Villa 31 había ganado la oposición en las Paso, cuando en el resto de la ciudad de Buenos Aires le había ido muy bien al partido del gobierno nacional. La macana de la nota es que explicaba, con otras palabras, que a los pobres no les gusta el porcelanato… cuando era evidente que el título de la nota debió ser El porcelanato no se come, estúpidos o algo parecido.
Lo sabe bien el peronismo y cualquiera que haya tenido una mínima experiencia en el poder. No basta con hacer obras públicas, además y sobre todo, hay que hacer política, con el porcelanato y con cualquier mejora en la vida de los ciudadanos, pero hay que aceptar que todavía las estamos esperando. Estas cosas no se le escapan a los políticos de verdad, como no se les escapan las alianzas con quienes antes eran sus enemigos o con los que antes hablaron pestes de los que ahora abrazan. Así es la política desde la época de Alejandro Magno y nadie puede decir que no lo sabe.
Si es tan importante continuar en el poder para afianzar unos cambios que todavía no vimos, hay que saber permanecer en el poder, pero además hay que saber hacer lo que hay que hacer para permanecer en el poder, tanto en política como en la economía y desde el primer día y no hay que ir tan lejos para aprenderlo.
No se puede ganar una elección si no se mejora la vida del pueblo; no se puede ser gradualista en la economía y drástico en la política; no se puede tener a los medios en contra a fuerza de maltratarlos; no se puede dejar que te birlen votos por derecha y por izquierda y mirar tranquilos cómo la oposición se une; no se puede pensar que de repente las elecciones se ganan con Facebook; no se puede ir a una elección –aunque sean las PASO– sin fiscalizarla; no se puede cambiar un país de un día para el otro y mucho menos después de 500 años de hacer todas las cosas del modo contrario; no se puede confiar en encuestas truchas; no se puede oponer al cinismo sin algo de cinismo; no se puede dejar la economía y la política en manos de un aprendiz de brujo…
No se cambia la Argentina diciendo que sí se puede y haciendo todo lo que no se puede; se cambia con voluntad política, con determinación y con acciones concretas, una detrás de la otra y desde el primer día. Pero hay algo más que no se puede: que te sorprenda una elección, pero la Argentina adolescente es así de impredecible. Ojalá maduremos algún día y que no esté tan lejos, con el gobierno que sea.

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