Trieste, contrastes en el norte italiano

Domingo 20 de octubre de 2019
Una sola palabra no puede definir a Trieste. Sus paisaje es perfecto al igual que su clima y su casco urbano. Se trata de una ciudad italiana ubicada al norte, en la extrema parte del Mar Adriático y, siendo una ciudad de frontera (al extremo este de Italia), ha llegado a ser desde hace mucho tiempo un conjunto de razas y culturas diferentes, sobre todo la mediterránea y la del Est-Europa. Por eso su historia fue enriquecida por varias religiones que aún hoy se concentran en algunas iglesias: iglesia Greco-otodoxa de San Nicolò de los griegos, iglesia Serbo-ortodoxa de San Spiridione, templo israelítico y varias iglesias católicas.
Fue la punta de diamante del Imperio Austrohúngaro, cuyos territorios iban de Polonia al Mediterráneo, de los Balcanes a Baviera, y su salida al mar, pero también fue un babel de lenguas y culturas. Es un crisol de culturas, influencias y atmósferas muy diferentes entre ellas. Una característica mundialmente conocida de la ciudad de Trieste es su puerto, que es turístico pero sobre todo comercial, siendo un lugar estratégico de intercambio comerciales mar-tierra con el resto de Europa.
Trieste es particular en todos los sentidos. Su aire es especial y eso se nota paseando por sus calles y, en el pasado, también lo notaron unos cuantos grandes artistas que decidieron establecerse en esta ciudad una larga temporada. Es el caso de James Joyce, de Ernest Hemingway y de Umberto Saba que vieron en el lugar inspiración.
El mar y la montaña son muy importantes en la ciudad y se encuentran en los dos extremos opuestos. Por un lado las colinas del Karsc, y por el otro el mar cuya actividad generada sufragó los bellos edificios del puerto, los palacios que hacen de bella cara de Trieste, y que animan a recorrer el golfo que protege la ciudad hasta la periferia donde el desafortunado Maximiliano emperador de México levantó el castillo de Miramare.

Castillo de Miramare
Cuantas veces se visite el Castillo de Miramare siempre se querrá regresar. El blanco del castillo contrasta con el azul intenso del Mar Adriático y con el verde esmeralda del parque que lo rodea.
El castillo se construyó entre el 1856 y el 1860 por petición del archiduque Maximiliano de Hasburgo y de su esposa, Carlota de Bélgica. En 1863 Maximiliano, presionado también por el deseo de prestigio y fama de Carlota, decidió aceptar el encargo de emperador de México, donde le esperaba una muerte prematura. Y es que una de las leyendas que rodean el castillo cuenta que todo el que pase una temporada viviendo entre sus muros, morirá antes de tiempo.
El caso de Maximiliano no es aislado: el Duque Amadeo de Aosta, que vivió una temporada en Miramare, fue asesinado cuando cayó prisionero de los ingleses y, además, el general Friedrich Rainer, otro inquilino del castillo, fue fusilado por los partisanos italianos.
Para ingresar a conocer el castillo se paga una entrada, pero hay muchos que creen que su principal atractivo se encuentra fuera de sus muros y deciden pasear por los jardines, donde se pueden ver plantas subtropicales y respirar la calma de este lugar encantado. La variedad hace la particularidad
La característica más evidente de Trieste es su desarrollo en varios desniveles. Una de sus particularidades son sus amplios viales, sus plazas, en los cuales se asoman majestuosos palacios de diferentes estilos arquitectónicos; muchos de ellos son típicos de los años de la dominación austriaca en la región.
Arquitectónicamente los palacios de Trieste hablan en lenguaje neoclásico, liberty, ecléctico y barroco, conviviendo con vestigios romanos, edificios del Settecento y de herencia hausbúrgica.
Cruce de culturas y religiones, en Trieste se percibe esa fusión desde que se llega, la iglesia greco-ortodoxa, la serbo-ortodoxa, la sinagoga, la iglesia evangélica luterana, o la helvética – la más antigua de la ciudad- conviven en tranquilidad. Esa tolerancia se respira gracias a un acento que mezcla lo eslavo con lo italiano y lo germano, y además se saborean los dulces de tradición eslava o germánica, o las sopas como la jota, para acabar con los sabores del mar: aquí hay una cocina para descubrir.

Plaza Unidad de Trieste
La Piazza della Unità es la plaza central, la más grande y bella de la ciudad, que se asoma al golfo de Trieste y llega a ser un lugar escenográfico, a menudo centro de eventos importantes como conciertos y otros espectáculos. El amplio rectángulo de la plaza es rico de imponentes palacios: el Palacio Comunal, el Palacio Modello, Casa Stratti con el antiguo Café de los espejos, el Palacio del Gobierno, Palacio Pitteri y Palacio del Lloyd Triestino (la más antigua sociedad de navegación en Italia- y una de las más antiguas en Europa). En una calle lateral de la plaza Unidad se encuentra la Oficina del Turismo de Trieste y de la región Friuli (Friul​-Venecia Julia es una de las veinte regiones que conforman la República Italiana).
Otras plazas muy conocidas son Plaza de la Borsa y Plaza Goldoni. La Plaza de la Borsa queda cerca de Plaza Unidad en una zona rica en tiendas y bancos, dominada por el gran Palacio de la Borsa (que se puede reconocer por sus grandes columnas).
La Plaza Goldoni es otra de las plazas principales de la ciudad, a la cual llegan algunos de los viales principales, como Corso Italia y Via Carducci, caracterizados por sus imponentes palacios. De esta plaza salen unas de las escaleras hacia la zona de San Giusto. Hay que visitar también la Catedral de San Justo del siglo XIV, resultado de la unión entre la iglesia románica de San Justo y la de la Asunción.
La iglesia con sus mosaicos, su espléndido rosetón gótico y el campanario adyacente, domina el núcleo histórico de la ciudad.
No lejos de aquí se encuentra la fortaleza-museo del Castillo de San Justo. Testimonios históricos de época más antigua los ofrece el Arco de Ricardo, del siglo I d.C., y el Teatro romano, del siglo II d.C., utilizado para espectáculos teatrales estivales.

Risiera di San Sabba
La Risiera di San Sabba es el único campo de concentración nazi en Italia. Aquí los prisioneros políticos, los judíos y en general los enemigos del régimen eran detenidos y preparados para su traslado a campos de trabajos forzados o a campos de exterminio. Este campo no ‘solo’ era un lugar de paso para los prisioneros: se calcula que las víctimas de la Risiera ascienden a una cifra entre 3.000 a 5.000, todos asesinados.
Este campo de concentración triestino contaba con un horno crematorio (el único en Italia) donde se quemaban los cadáveres de las víctimas, de manera que no quedase rastro alguno de la barbarie. Hoy en día queda solo la huella del horno (fue volado por los aires por los nazis antes de abandonar el edificio), que ha sido transformado en un monumento a los caídos.
En la Risiera se puede visitar, además de las celdas de los prisioneros y de los espacios comunes, un museo muy interesante que explica con detalle todo lo que ocurrió en aquellos terribles años, cuenta además con testimonios de los prisioneros y con objetos personales de las victimas.
La visita de la Risiera de San Sabba es gratuita, aunque se puede dejar un donativo en el museo. Desde el castillo de Miramare se puede llegar en colectivo parando en la estación central y cambiando a otro colectivo.

Preparar la llegada
Cuando se esté preparando el viaje a Trieste hay que analizar cual es la mejor opción de transporte para alcanzar el destino. Especialmente es importante conocer si hay vuelos directos desde Argentina o Asunción, o si no se está lejos porque ya se está viajando por Italia.
Desde Asunción un vuelo directo hacia Trieste (Aeropuerto de Trieste - Friuli Venezia Giulia, anteriormente Aeropuerto de Trieste - Ronchi dei Legionari) tiene un valor de 895 dólares con Latam Ailines.


PARA AGENDAR

Desde Posadas
Existen varias opciones para llegar, una es la autogestión pero también hay agencias que visitan estos destinos.

U$S 895

Es el costo de un vuelo desde Asunción hacia el aeropuerto de Trieste con la aerolínea Latam Airlines.

U$S 168

Alojamiento por cuatro noches en Liberty Sul Golfo a 1,5 kilómetros del centro de la ciudad de Trieste.

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