No minimizar la angustia en el ámbito escolar, el primer paso

Domingo 20 de octubre de 2019 | 08:00hs.
Griselda Acua

Por Griselda Acuainterior@elterritorio.com.ar

Los adolescentes y jóvenes se enfrentan al acecho de la idea más terrible de todas: terminar con su propia vida. El acoso escolar, el abuso sexual, el flagelo de las adicciones, la falta de empleo; en fin, la inexistencia de un proyecto de vida representan algunas variables que influyen en la drástica decisión.
El Territorio abordó la problemática en la edición del domingo pasado, 13 de octubre, teniendo como disparador del debate y la reflexión a los suicidios acontecidos en Leandro N. Alem. A esa radiografía, se sumó el aporte de especialistas en psicología y organizaciones no gubernamentales que militan a favor de la vida.
Ahora, en esta oportunidad, los chicos toman la palabra. “Muchas veces los adultos no le dan importancia a nuestros problemas, que por ahí para ellos no son relevantes pero para nosotros sí son graves. Tengo compañeros con muchos problemas que ante la falta de contención o respuestas a veces sufren bulimia, anorexia y hasta se lesionan”, detalló Matías Rovira, de la Junta Provincial de Estudiantes Secundarios (Jupes).
En el epicentro del drama se ven interpelados los adultos y las instituciones, es decir, la familia y la escuela principalmente. La escuela representa el lugar donde eclosionan las problemáticas sociales. De allí la importancia de la mirada y el compromiso docente.
En ese sentido, desde el Gabinete Psicopedagógico Interdisciplinario (GPI) del Consejo General de Educación (CGE) se hace especial hincapié en no minimizar la situación de angustia en el ámbito escolar.
“No minimizar una situación de un adolescente o un niño que dice que se va a terminar autodestruyendo o que ya me van a extrañar cuando no esté, todas esas cuestiones que antes se minimizaban hoy por hoy sabemos que hay que darle relevancia. Uno de los prejuicios era que el que avisa no lo va a hacer, el que se va a suicidar no lo va a avisar, a veces, dan señales que no las queremos ver o no la registramos, pero es un hecho que la persona que termina en esta situación está pasando por una situación angustiante”, señala en diálogo con este medio, Ricardo Martin, director del GPI.
“La escuela y el docente hoy ya no es solamente ser el que enseña los contenidos curriculares también tiene que acompañar a formar la integralidad de los sujetos, para eso tiene que atender esta situación emocional que es fundamental para que pueda funcionar lo intelectual. Eso hoy por hoy, la provincia, es una de las pocas que tomó esta situación, y lo que es educación emocional”, explica Martin.
“La escuela es la caja de resonancia de lo que está pasando en la sociedad. Lo ideal sería que el docente pueda ser contenedor, que pueda ser receptivo ante esta demanda, las reacciones de los estudiantes que pueden ser a veces con un comportamiento inapropiado, una forma incorrecta tal vez para el contexto, la forma de comportarse nos está diciendo algo, nos está llamando la atención”, describe el titular del GPI.
La contención psicológica es clave. Pero así como los equipos de salud mental de programas nacionales fueron disueltos lo cual complica dar respuesta a la demanda; sucede algo similar en la rama educativa.
Sólo un 10% de las escuelas de Misiones cuentan con gabinete interdisciplinario. “Las escuelas cuentan con equipos interdisciplinarios pero la gran mayoría no, y tratamos desde el GPI justamente, orientar a los mismos equipos de las escuelas porque también es nuestra función”, dice.
La consulta médica y la mirada del docente en el aula son, en gran medida, el primer paso para identificar el grito de ayuda.

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