Cristian Salguero nació hace 32 años en Posadas. Es el mayor de cinco hermanos que crecieron en el barrio Parque Adam de la ciudad capital. Hizo la primaria en la Escuela 238 de ese barrio y la secundaria tardía, que no terminó, en la Comercio 18.
Se autodefine como un chico de barrio, con los mismos códigos y valores. No conoce lo que es la fama, es más, no le importa.
Porque quien se sienta a tomar un mate en su compañía no percibe una gota de ego aunque se haya codeado con Dolores Fonzi, Esteban Lamothe y Oscar Martínez en La Patota; seducido a la crítica nacional e internacional con El Invierno, viajado al Festival de Cine de San Sebastián o falten días para que se estrene en Telefe y TNT Un gallo para Esculapio, la tira dirigida por Bruno Stagnaro, en la que tendrá participación y en la que tuvo la chance de actuar con actores como Peter Lanzani, Luis Brandoni y Eleonora Wexler.
La semana pasada llegó a Misiones para el Oberá en Cortos donde se proyectó El Invierno y para atender a dos producciones locales que lo tendrán como uno de sus protagonistas: Manduricio y Urú y otros relatos de la tierra roja, ambas ganadoras del Concurso Federal de Episodios Web del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa).
Antes de que regrese a Buenos Aires, donde da clases de teatro a chicos de un bachiller de Villa Soldati y protagoniza la obra Autobiografía, bajo la dirección del también misionero Nicolás Rodríguez, Cristian charló con El Territorio acerca de su experiencia en la actuación, en el cine y su familia.
¿Cómo te iniciaste en la actuación y por qué?
Me inicié en la secundaria, en el colegio nocturno, ya tendría unos 27 años, mediante la invitación de uno de los preceptores que estaba activando el teatro en la Comercio 18. Él invitó a los chicos de la nocturna a que participen de los talleres los sábados. Dudé un poco porque no lo conocía porque era medio raro el teatro para nosotros, para la gente de los barrios. Fui a una clase por curiosidad, empecé a conocer a la gente, a este preceptor Eduardo Giménez que terminó siendo mi maestro junto a Carolina Gularte. Me quedé hasta el final y terminamos haciendo una obra. Parece que a Caro le gustó trabajar conmigo porque me invitó a otra obra y así fui aprendiendo.
Desde ese primer contacto con el teatro tuviste en claro lo que querías…
¿Por qué se postergó tanto la secundaria?
Al principio fue porque no me gustaba la escuela, no encontraba algo que me llene. Entonces cuando pude decidir no fui más, no está bien lo que hice. Empecé a trabajar, quería mis cosas, bancarme solo. Hice de todo. Siempre trabajé de todo, pero más tiempo trabajé con la albañilería. Es un trabajo cansador que tenés que estar de tal horario a tal horario. Después de un tiempo lo dejé y empecé a trabajar en la cocina, arranqué en una pizzería cerca de mi casa. Por suerte las dueñas del lugar me comprendían y me daban lugar para ir a los ensayos.
¿Cómo es tu familia?
Me crié con mi abuelo. Mi madre tuvo que irse a Buenos Aires a buscar trabajo en la época de la crisis, en el 2001. Entonces los cinco hermanos nos quedamos con mi abuelo. Siempre tuvimos una vida de barrio, con la gente del barrio con nada de contacto con lo artístico.
¿Qué lugar ocupa Carolina Gularte en tu vida artística?
Caro terminó siendo mi amiga. Siempre tenemos contacto, ella fue la que me introdujo en la parte más profesional. Trabajar con ella fue encontrar todo un mundo nuevo, entonces es mi maestra, lo sigue siendo a pesar de que no estamos tan cerca. Siempre le pido una opinión, no salí de un colegio de artes escénicas entonces todo esto sigue siendo nuevo para mí por lo que ella ocupa un lugar muy importante. Tenemos charlas muy emotivas, también de mucha imaginación. Me motiva su fuerza, su empuje. La tomo a ella como ejemplo. Y no sólo es por mí, trato de transmitir a mi gente, a aquellos chicos que están cansados de hacer siempre lo mismo, del trabajo. A veces uno quiere dedicarse a lo artístico y están esperando a que alguien los descubra o les salga algo wow. No se dan cuenta de que tienen que animarse sin importar si hay dinero.
¿Cuál es tu consejo para la gente que está ahora sin saber qué hacer?
Creo que hay que intentar y saber que cuando se empieza de cero va a ser muy difícil. A veces la podés pegar y decaer, pero lo importante es no quedarse tirado y volver a intentar.
¿Pasaste por ese estadío de las dudas?
Un montón de veces, hasta ahora me pasa. Llegan momentos y situaciones porque el artista nunca está estable, siempre está incómodo y ese es un buen terreno para despertar la imaginación. El desafío es superarse a uno, no al otro o copiarle. Hay que desafiarse a hacer las cosas y de esa manera llegar a donde se quiere llegar. Se van a divertir, la van a pasar bien, por ahí no económicamente porque siempre estamos mal en ese plano los artistas, pero al menos emocionalmente van a estar bien.
¿Cómo fue ese encuentro con el cine con La Patota?
Fue a los dos años de iniciar con el teatro. No tenía experiencia, era de la camada nueva del teatro. Dolores (Fonzi) es una genialidad, una hermosura de artista en lo que yo la pude llegar a conocer. Nos tiraba onda, nos ayudaba mucho. Santiago (Mitre) también era un muy buen director, tenía mucha sensibilidad y nos cuidaba.
¿Con El Invierno cómo fue?
Laura Andino consiguió que el director, Emiliano Torres, venga a buscar chicos de acá por la temática de un chico de Corrientes que se iba a trabajar al sur. Laura le mandó varios videos y él al final se quedó con tres artistas: Fernando Molinas, Marcial Paredes y yo. Entonces Torres decidió venir, nos vino a ver, nos probó a los tres y entre todos me prefirió un poquito más a mí.
Y se fueron al Festival de Cine de San Sebastián…
Sí, fuimos a San Sebastián. No me la esperaba, como ni siquiera hacer películas o ser actor, menos ir a España; como máximo había ido a Buenos Aires. La experiencia de viajar es espectacular y más conocer ese mundo, a la gente del cine de todos los países.
Hablás de tu poca experiencia, sin embargo los críticos dicen que sos un animal de la pantalla…
No caigo, me da timidez y lo agradezco porque significa que le puse onda, le puse ganas. Es lo que busco siempre, no superar a nadie, sino simplemente hacer bien mi trabajo. Cuando hacen esas críticas, por más que me parezcan un poco exageradas, me dejan un poco intimidado pero también me dan fuerzas para seguir.