En el marco de la semana conmemorativa del 80º aniversario de la muerte de Horacio Quiroga (18-2-37) que tendrá como epicentro su casa de San Ignacio en la que se desarrollarán distintas actividades, Letras comparte el reultado de una investigación de El Territorio sobre la primera esposa del escritor, de la que no se tenían muchos datos. Una imagen adorna este artículo. En ella, se ven dos hombres de bigotes, en los extremos, una señora de traje oscuro, sentada, con sombrero, y un cura con barba; en medio, vestida de blanco, una joven, y viendo la mesa, se infiere que degustan unas copas de licor (vino de naranja). Pero hay algo más detrás de esta foto centenaria, una historia con aporte de datos inéditos.
El maestro y la alumna
Ana María Cires, la joven de la foto, había nacido en Banfield hacia 1890. Fue hija de franceses (Pablo Cires y Ana María Laguzan, casados en Buenos Aires en 1886) y en 1908 era una de las jóvenes alumnas de Horacio Quiroga, profesor de literatura en un colegio porteño. El escritor había obtenido su cátedra en el Normal 8 en 1906, en tiempos en que adquiría a su vez tierras a orillas del Alto Paraná en nuestro San Ignacio. Maestro (30) y alumna (20) finalmente se casaron pese a la oposición de los padres de la novia, el 30 de diciembre de 1909, según consta en las actas del Registro Civil de La Plata. Quiroga pidió licencia en marzo de 1910 y enseguida la pareja vino a radicarse en aquellas lejanas tierras misioneras. Se instalaron en San Ignacio acompañados de la madre de Ana María y allí les nació la primera hija, Eglé, en enero de 1911.
Muerte temprana
Al año siguiente, les nació Darío, en Buenos Aires. Entre 1912 y 1915, los Quiroga se vinculaban con los vecinos, los chicos se criaban en libertad. Horacio, habiendo renunciado a su cátedra, era el juez de Paz del pueblo, colaboraba activamente con revistas literarias porteñas y Ana María le llevaba las cuentas. Sin embargo, cuentan José María Delgado y Alberto Brignole en Vida y obra de Horacio Quiroga (Montevideo, 1938), que "por celos, Ana María se suicidó ingiriendo un sublimado en diciembre de 1915". Tenía 25 años.
Letras ubicó en febrero del 2009 el acta de defunción firmada por el juez de Paz y encargado del Registro Civil de San Ignacio, que quedó dicho, no era otro que Horacio Quiroga. En estas actas, difiere la fecha: el fallecimiento ocurrió el 10 de febrero de 1915. En San Ignacio a los once días del mes de Febrero de mil novecientos quince ante mí Jefe suplente del Registro: Ramón Gozalbo de treinta años, soltero uruguayo, domiciliado en la localidad, declaró que el diez del corriente a las once de la mañana falleció en su domicilio la mujer Ana María Cirés de Quiroga. Tenía veinticinco años, era argentina, casada, hija de Pablo Cirés (fallecido) y de Ana María Laguzan de Cirés, francesa, domiciliada en la localidad. Leída el acta la firmaron conmigo el declarante y los testigos Pablo Allain (42), francés y Vicente Gonzalbo (40), uruguayo, domiciliados en la localidad y quienes han visto el cadáver. La causa de la muerte: hemorragia intestinal.
Lápida y olvido
Tiempo después, Quiroga mandó colocar su lápida de mármol en la que, si bien se grabó su nombre, se omitió señalar la fecha del nacimiento y, por algun motivo, la de su muerte. Nuevamente, en abril del 2009, Letras buscó la tumba de la malograda Ana María en el cementerio de San Ignacio, la encontró y recompuso decorosamente los fragmentos de aquella lápida.
Aseguraba a El Territorio Julio César Sanabria, entonces cuidador del cementerio: “Mi padre era amigo del escritor. Él lo visitaba en su casa del Teyú Cuaré. Sé que en esta tumba, bajo esta lápida, reposan los huesos en una urna pequeña ya que fueron traídos de la casa del escritor a unos kilómetros de aquí mismo. Pareciera ser que allí fueron enterrados en un principio y, transcurrido algún tiempo, fueron exhumados y trasladados hasta el cementerio”.
En otro marco, no existen de Ana María más que unas alusiones sesgadas entre párrafos ocultos en toda la obra de Quiroga y alguna mención de 20 palabras en una carta enviada a Ezequiel Martínez Estrada en agosto de 1936. "Por fortuna todo pasa, como pasó el trastorno formidable que fue para mi la muerte de mi primera mujer".
La foto
Las únicas fotografías de una “esposa de Quiroga” que se conocían corresponden a María Elena Bravo, su segunda mujer, es decir, que son posteriores a 1927. Pero la investigadora francesa Annie Boule entregó una pista. En su viejo Proyecto para obras completas de H.Q, publicado en los 70 en el Bulletin Hispanyque, Boule indica que una en una fotografía que ilustraba un articulo de 1913 (Seda y vino de naranja en Misiones) podía vérsela a Ana María. Ubicada recientemente por Letras en el Museo, Biblioteca y Archivo Histórico Municipal de San Isidro Dr. Horacio Beccar Varela, en ella se ve a la malograda muchacha, vestida de blanco, de pie, junto a su madre y al cura Kassab, entre los hermanos Ramón y Vicente Gozalbo que eran amigos de Quiroga: compartían con él una aventura yerbatera (La Yabebiry). La escena histórica fue capturada por el corresponsal en San Ignacio: Horacio Quiroga.
Seda y naranja
El padre maronita Kassab incursionó en la industria de la seda en Misiones. Hacia 1905, plantó 150.000 moreras y crió los gusanos que la fabrican. En su granja ubicada entre Santa Ana y San Ignacio, también se destilaban naranjas para elaborar vino, según cuenta Quiroga en un artículo de 1913 publicado en la revista Fray Mocho.