Refugio de criminales nazis - El Territorio Misiones

Refugio de criminales nazis

Domingo 31 de marzo de 2013
Foto: Natalia Guerrero

Dentro de la selva misionera, en un área protegida en el actual Parque Provincial del Teyú Cuaré, en San Ignacio, reina el silencio natural que esta vez se transforma casi en un cómplice mudo, sobre los orígenes de los actuales vestigios de dos extrañas viviendas. Una habría sido habitada por el jerarca nazi, Martín Bormann (Págs. 6 y 7).
Quien fuera el más fiel servidor de Adolf Hitler, no es el único que dejó sus huellas y que habría transitado por Misiones.
El médico de Auschwitz conocido como el Ángel de la Muerte, Josef Mengele, también habría recorrido la tierra colorada para trasladarse a más de 70 kilómetros de San Javier, luego de cruzar el río Uruguay, a la localidad brasilera de Candido Godoi, donde conviven 136 mellizos (Págs. 8 y 9).

En ese municipio, perteneciente al estado de Rio Grande do Sul, se encuentra la Capital mundial de los gemelos. Se cree que el médico de la SS, conocido por sus experimentos con detenidos en el campo de concentración y exterminio de Auschwitz, al vivir en la zona, también habría seguido con sus ensayos con gemelos.
Los genetistas, lanzan sus argumentos y dan un poco de respiro a la tranquila población, pero también hasta ahora los lugareños admiten que Mengele recorrió ese lugar vestido de veterinario. En este rol, habría avanzado con su inquietante plan de mejorar la raza humana como aspiraba Adolf Hitler.
Estos experimentos se habrían concretado hasta bien entrados los años ‘60 en la citada población alemana ubicada al sur de Brasil.
Por otra parte, algunas documentaciones indican que en 1941, Hitler habría comprado tierras en Misiones. De esta manera muchos jerarcas nazis, utilizaron a la Provincia como lugar de refugio o tránsito, tanto antes o luego de la caída del Tercer Reich en 1945.
Ese año fue la derrota de Hitler, en la Segunda Guerra Mundial y tuvo como consecuencia, el final del régimen del tercer Imperio Alemán. Representó el fin de la guerra, pero el inicio de la búsqueda de los criminales nazis en el mundo.
Los sitios elegidos por los nazis para instalarse fueron el norte del Gran Buenos Aires, Córdoba y Misiones, donde buscaban lugares en los que pudiesen pasar casi desapercibidos.
En el caso de Misiones, además con fronteras secas muy importantes para el caso que tuvieran que huir, explicó a El Territorio el  director para América Latina del Centro Simón Wiesenthal, Sergio Widder. Desde esta organización no gubernamental judía de derechos humanos creada con el objetivo de que no queden impunes los delitos cometidos por los criminales nazis, denominaron la “ruta de las ratas” a quienes llegaron al país para esconderse (Pág. 12).
Contexto histórico
Sólo a fin de contextualizar, ya que este informe apunta a echar un poco más de luz sobre los jerarcas criminales nazis, es oportuno determinar que Misiones a comienzos de la década de 1940 tenía una población de 190.000 habitantes, de los cuales 80.000 eran extranjeros.
Entre éstos había unos 14.000 alemanes, pero el número de germano-hablantes era mayor. Del otro lado de la poco custodiada frontera, en los países vecinos (Paraguay y Brasil, también albergaron criminales nazis), eran también numerosos los asentamientos de alemanes y sus descendientes.
 Advirtiendo el ambiente propicio para el proselitismo, los nazis comenzaron a organizar reuniones en 1933 en Alba Posse. Los puntos fuertes se multiplicaron rápidamente en las ciudades y colonias con población germana, como Leandro N. Alem, Oberá, Colonia Liebig, Bonpland, Cerro Azul, Cerro Corá y Montecarlo. En el Alto Paraná, las colonias de Eldorado Puerto Rico y Montecarlo, tenían un fuerte carácter nazi, proliferando carteles y símbolos alusivos al mismo, según los registros de la historia general difundidas por Relaciones Exteriores de Argentina.
Escritos de aquella época señalan que en una ocasión la Füchrering (la Führer femenina) condujo a 22 estudiantes de una escuela privada a la isla de Caraguatay (en Montecarlo). Después de dibujar una cruz esvástica en la arena, hizo que las jóvenes juraran fidelidad al nazismo.
 Desde fines de abril y principios de mayo de 1938 (un año después del inicio de la guerra entre Japón y China en el teatro de operaciones oriental, y un año antes de la invasión alemana a Polonia, en el occidental) El Territorio denunció desde los titulares de sus tapas el flagelo de la penetración de la propaganda nazi en esta Provincia.
No puede atribuirse vinculación nazi a muchos pobladores germano-brasileños, aunque eran fácil campo de acción de la misma: se había verificado la existencia de una organización nazi en aquellas colonias que tenía a sus cabecillas jefes de partido, de frentes de trabajo, y de la juventud hitleriana. Realizaba sus reuniones, contaba con medios propios para distribuir su propaganda impresa, llevaba un registro completo de la colectividad y procuraba posicionarse en las instituciones.
Contaba con estaciones de onda ultra corta que la mantenía vinculada con Alemania y por ello distribuía aparatos de radio a precios inverosímiles con la particularidad de escuchar nítidamente las trasmisiones desde Berlín. La organización exhibía films de propaganda, construyó pistas de aterrizaje, contaba con armas, como lo reveló una investigación en Apóstoles.
Un informe
La Comisión para el esclarecimiento de las Actividades Nazis en la Argentina (Ceana) reconoce de manera oficial la presencia de “unos 180 sospechosos, acusados, encausados o condenados como criminales de guerra nazis o colaboracionistas que vinieron a la Argentina”.
Entre los más conocidos figuraban, por citar algunos, Adolf Eichmann, Erich Priebke, Dinko Sakic, Joseph Schwammberger, Walter Kutschmann. En esos momentos se sumaba el papel estratégico de la Argentina para el Tercer Reich como destino de los criminales de guerra, por la neutralidad del país durante la Segunda Guerra Mundial.
El origen del mal
La llegada al poder de Hitler en 1933, a través de las urnas, supuso la implantación de un Estado totalitario basado en una dictadura personal.
Recopilar testimonios, investigaciones y numerosas publicaciones disponibles, permite a través de este informe de El Territorio adentrarse en la historia poco difundida de la región y repasar cómo los militares que tomaron el poder en Argentina en junio de 1943, simpatizaban con el Eje y el mismo Juan Domingo Perón, admiraba los métodos fascistas italianos.
A partir de ello, numerosos trabajos y páginas impresas, ayudan a repasar las conexiones de la Argentina con el nazismo, como sucedía también por entonces con Paraguay y Brasil.
La citada Ceana nació con el fin de esclarecer la presencia de los nazis en el país, aunque hay fuertes críticas de su limitado resultado.
“Ya lo decía Perón, si algo quiere que no se descubra o resuelva,  forme una comisión”, dijo a este matutino Jorge Camarasa quien escribió cinco libros sobre los nazis en el país.
 En cuando a Ceana, fue creada por el Decreto Presidencial N° 390/97 en el mes de mayo de 1997, en el marco de los lineamientos de la política exterior planteada por el entonces Presidente Carlos Menem y su ministro de Relaciones Exteriores, Guido Di Tella.
Indicaron que la iniciativa reflejaba la creciente voluntad política de librar al país del estigma del nazismo que se venía acentuando desde la presidencia de Raúl Alfonsín (1983-1989) y que desembocó en la extradición de criminales nazis que vivían en el país.
Tras la aparición de los documentos del Departamento de Estado norteamericano y de la Comisión Bergier en Suiza que planteaban sugerencias sobre el papel de Argentina en el tránsito y destino del expolio nazi, se creó la Ceana presidida por el académico Ignacio Klich e integrada por investigadores del país y del extranjero.
A criterio de Camarasa, algunos de los integrantes de la Ceana eran excelentes investigadores aunque sobre los demás no da mucho crédito.
Sobre la base de documentos alemanes, argentinos, austríacos, belgas, españoles, estadounidenses, franceses y yugoslavos, Ceana reconoce la presencia de unos 180 sospechosos o criminales de guerra nazi o colaboracionistas que vinieron a la Argentina. Es lo que surge, del informe final al que accedió El Territorio.


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