Lanusse y Wanda, con un origen común pero con destinos muy distintos - El Territorio Misiones

Lanusse y Wanda, con un origen común pero con destinos muy distintos

Domingo 7 de septiembre de 2014

Esta localidad nació junto a Colonia Wanda, de la cual depende administrativamente y dista unos 38 kilómetros. Por camino de tierra, la vía de acceso inevitable es la ruta provincial 277, que se conecta al norte con la ruta provincial 19. Su nombre es en homenaje al gobernador del Territorio Nacional (1896 y 1905), Juan José Lanusse, reconocido como el impulsor del proyecto de colonización. Tuvo su momento de gloria económica en las décadas del '50 y '60, cuando era un progresista poblado, con aserraderos y laminadoras en plena producción, con la explotación del monte nativo, a los que se sumaban cultivos diversos, como yerba mate, tabaco, té y tung, entre otros.
En la actualidad, los propios pobladores señalan el notable retroceso de Lanusse. Ahora no llega al medio centenar de familias de colonos, cuando concentró a más de 2.500 habitantes en su época de esplendor. En 1991 se censaron 67 personas, y en 2001 su población se consideró rural dispersa.
En cambio, según el censo de 2010, Wanda cuenta en la actualidad con 15.529 habitantes.

Lo que queda de la primera época en Lanusse es una escuela, una iglesia y un Centro de Atención Primaria donde concurre un médico cada semana.
Entre las cosas que fueron desapareciendo, junto al último aserradero, Garumí, se encuentra un puesto de Gendarmería, un improvisado salón de cine en 1953 y el también desaparecido club social.

Origen y desarrollo
Wanda, por su lado, es un nombre femenino de origen polaco. Existen varias versiones acerca del nombre. Una está vinculada al de una hija del mariscal y político polaco Josef Pilsudski (1867-1935), quien resistió al dominio de Polonia por el zar ruso y, luego en 1920, al frente del ejército, salvó a su país de la invasión rusa.
Otra versión señala que el nombre de la ciudad es en homenaje a una princesa de Cracovia que se llamaba así, quien al haber sido obligada a contraer matrimonio contra su voluntad, prefirió suicidarse arrojándose a las aguas del rio Vístula.
Lo cierto es que Colonia Wanda tiene sus inicios con la adquisición de tierras por parte de la Compañía Colonizadora del Norte Sociedad Anónima, a través de una fracción de 2.400 hectáreas. Fue escriturada el 18 de mayo de 1934. Se delimitó la sección Tupicuá, otra fracción de 2.875 hectáreas. Dio lugar además a la sección Puerto, con unas 2.915 hectáreas para la Colonia Gobernador Juan José Lanusse. Estas dos colonias, de esta manera, comenzaron el proceso de población en el año 1936 con agricultores venidos de Polonia.
En el año 1938, en total 40 familias se radicaron en Wanda.
Muy pronto pasaron a contar con 150 familias las localidades de Wanda y Lanusse. Lo que prometía ser un rápido desarrollo tuvo su freno como consecuencia del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Esta contienda impidió que llegaran otros 400 inmigrantes que planificaban arribar a estas tierras.
A pesar de ello, Wanda fue surgiendo  a raíz del punto estratégico que la sostiene aún hoy. Entonces, el río  Paraná fue la principal vía de transporte y comunicación. Años después lo es la ruta nacional 12, sumada en la actualidad, a la ruta provincial 19.

Mirando al río
Al crearse por el decreto 1.421, en el año 1956, la comisión de fomento fue denominada Colonia Wanda. Los orígenes hablan de familias que se posicionaron para trabajar en la zona del puerto en crecimiento por el año 1960 por la ventaja que ofrecía el río.
Para el año 1970, con un censo se descubría que todo habría cambiado rápidamente. Esta energía positiva de crecimiento se potenció en la década de los '70, cuando llegó la anhelada cinta asfáltica, y en año 1976 se creó la empresa Alto Paraná S.A., que llegó para afianzar el crecimiento de Wanda. La empresa generaría miles de puestos de trabajo. Ello, en contraste a la pérdida de la fuente laboral por el cierre de la laminadora que estaba en la Colonia Lanusse. Esto produjo una importante migración interna de pobladores a Wanda.
Estos habitantes buscaban estabilidad laboral y vías de comunicación como el asfalto con la ruta 12 y su proximidad al río.
De esta manera, se fortaleció el perfil forestal de la región, en desmedro de la producción agrícola y a favor de la urbanización. En el censo de 1980, el resultado marcaba unos 1.999 habitantes y 471 viviendas. En 1980, todo crecimiento se acentuaba para la hoy ciudad de las piedras. Allí apareció la construcción de la represa sobre el arroyo Urugua-í, 13 kilómetros al norte, y se pavimentó parte de la ruta provincial 19, en el tramo que la unía con Gobernador Lanusse.

Brillante descubrimiento
En esa época se produjo el descubrimiento accidental de los yacimientos de piedras preciosas, donde a diferencia de otros lugares, su explotación permitió a Wanda un perfil netamente turístico, llegando en la actualidad a ser el segundo destino más visitado, todo ello potenciado por su cercanía  con las Cataratas y la reciente consagración de éstas como una de las siete maravillas naturales del mundo. En el censo de 1991, Wanda aparece con 7.496 habitantes, con un crecimiento del 275%, el más alto en la provincia por ese entonces.

Una migración por la crisis
La irrupción de la crisis argentina del 2001 nuevamente produjo una migración interna en ésta zona, produciéndose un desplazamiento de las regiones urbanas hacia las rurales.
De ésta manera, surgen nuevos asentamientos rurales como Paraje Nueva Argentina, Tirica, Sierra Morena y Sarandí, que totalizan algo más de 500 familias de pequeños productores que buscaron en el cultivo de la tierra, en pequeñas unidades productivas, la manera de su sustento.
Hoy, Wanda se perfila con su potencial forestoindustrial siendo el asiento de la mayoría de las empresas forestales prestadoras de servicios (cosecha forestal, transporte, talleres industriales), teniendo como segunda actividad económica al turismo con su atractivo, que son las minas de piedras semipreciosas, y posicionándose como prestadora de servicios al turismo con alojamientos, gastronomía y otros.
En tercer lugar -todavía de una manera incipiente- y tomando en cuenta el potencial que tiene con esas más de 500 familias de pequeños productores, tiene la oportunidad de producir alimentos en parte del sector rural, teniendo en cuenta su proximidad a importantes centros de consumo.


“Me atendió Mengele, pero no sabía que era él”
COLONIA LANUSSE. Antonio Kurylowicz  (79) vive en la colonia desde hace 76 años y sostuvo que quien decía ser el doctor Dumbarg lo atendió a él y a su familia. “A mí me atendió Mengele, pero no sabía que era él”.
Indicó que lo trató de una infección urinaria, y después también trató a su madre. “A todos atendía”, dijo. Y Agregó: "Después que se murió me enteré que era él”, por Mengele, porque “todos los conocíamos como Dumbarg”.
Lo describió como un personaje alto, esbelto. Indicó que anduvo por la colonia unos diez años, “hasta el año 1962 más o menos”.
Como otros pobladores, lamenta la decadencia de la colonia. “Acá había, cine, baile... ahora no hay nada”. En su condición de jubilado, recuerda que al doctor Dumbarg lo solía acompañar el administrador del aserradero Samuí. “Era un teniente nazi y a él le compré una motocicleta”.
También recordó que Dumbarg, luego identificado como Mengele, “tenía una hija que se apasionó  por el cuñado de un policía y, por esa razón, Mengele la volvió a mandar a Alemania”.
En cuanto a la vida en la chacra, sostuvo que es dura. “Hasta el año pasado trabajé como loco”, aunque reconoce que la principal búsqueda de sus padres la encontró él en este lugar: “Acá vivo en paz”.

Un enfermero lo ayudaba
El pionero Nicolás Stecyna (76) también conoció al doctor Dumbarg e indicó que estuvo viviendo en el lugar al menos diez años.
“Era un médico clínico; tenía señora y un enfermero como ayudante”. Explicó que trabajaba en la Compañía Samuí, que se dedicaba a la fábrica de terciados.
“De aquí se fue a Brasil y, no vivió mucho”.  No recuerda su nombre, aunque no sabe si era Mengele como plantearon otros vecinos.
“Recorría la colonia, primero a caballo, luego a bordo de una charata, y tenía su consultorio en Samuí, donde además tenía una pequeña farmacia”, indicó Stecyna.
Nicolás Stecyna (76), es uno de los pioneros que llegó a la localidad, con sus padres, cuando tenía diez meses de edad. Hijo de ucraniano pero nacido en Polonia, recuerda que el lugar fue en sus orígenes una prometedora colonia. “Había 70 familias desde 1939 a 1940, luego la inmigración fue prohibida y la localidad comenzó a achicarse. Algunos vinieron desde Buenos Aires, trabajaron dos años y volvieron”.
Por entonces, el progreso era lento, “solo se plantaba tabaco; luego se siguió con la plantación de tung, pastoreo, y mucho más adelante, la forestación”. Añadió que en 1956 empezaron las primeras plantaciones de yerba mate, luego prohibidas por el Gobierno. 

Vivir de la chacra
Por su lado, Juan Marcos Kurylowicz (57),  sobrino de Antonio, recordó también que siempre se habló de Mengele en el lugar. Por su edad, no tenía muchos detalles de aquel jerarca nazi, pero estaba decidido a contar cómo era vivir en el lugar.
Indicó que como uno de los hijos de colonos, sigue con la esperanza de vivir de lo que produce la chacra. Observa que es un difícil desafío.
Recordó que su padre había vendido la propiedad en 1977, “cuando la plantación de yerba estaba prohibida, como la marihuana”. Más tarde, ante el abandono del lugar, pudo reunir algo de dinero y volvió a comprar el lugar. Comenzó con entusiasmo, pero encontró muchos obstáculos desde siempre.
En medio de la prohibición, plantó media hectárea de yerba mate y pensando que podría ser un buen negocio en el futuro, quiso ampliar la plantación hasta llegar a las cinco hectáreas.
 Para ello, requirió un permiso de la entonces Crym (Cámara Reguladora de Yerba Mate), que no sólo no se lo dio sino que le aplicó una abultada multa por la media hectárea que había declarado.
Juan Marcos Kurylowicz recordó que recién cuando asumió como gobernador Ricardo Barrios Arrechea (1983- 1987) pudo plantar más yerba. Pero también por esos años, en 1983, Lanusse comenzaba a declinar como colonia. “Se vino abajo cuando cerró el aserradero Garumí", afirmó.
Destaca de la actualidad que algunas cosas mejoraron, como la llegada de la energía eléctrica, dejando de lado su heladera que funcionaba con kerosene. También los accesos terrados mejoraron en la localidad.
Previamente, Amelia Cristina Kozak (51) también sostuvo que resulta difícil sacar la producción de Lanusse.
En forma diaria ordeña unas 20 vacas. Esa cantidad de leche, que no tiene cómo vender, la termina tirando o dándosela de tomar a los cerdos.

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