Para la Justicia su marido quiso matarla y ella insiste en su inocencia

Domingo 8 de diciembre de 2019 | 08:00hs.
Carmen Kener tiene 43 años y es madre de tres hijos. | Foto: Luciano Ferreyra
Daniel Villamea

Por Daniel Villamea Corresponsalía Oberá

Carmen Raquel Kener (43) calificó a Alejandro Javier Sanfilippo (37) como el amor de su vida, aseguró que siempre convivieron en armonía, que el hombre nunca la maltrató y que incluso solía mediar en algún que otro conflicto que tenía con sus tres hijos, frutos de una relación anterior.

En diálogo con El Territorio, la mujer afirmó que “teníamos una relación de pareja hermosa, como casi ya no se ve. Él siempre fue muy compañero y me tenía paciencia si yo venía medio nerviosa del trabajo. Nunca jamás me levantó la mano. Y con mis hijos siempre fue excelente”.

Pero los dichos de Kener, que a simple vista parece realmente convencida de sus afirmaciones, contrastan dramáticamente con la acusación que pesa sobre Sanfilippo, quien actualmente se halla alojado en la Unidad Penal VIII de Cerro Azul.

El sujeto aguarda la elevación a juicio del expediente 26.907, que se resolverá en el Tribunal Penal Uno de Oberá, bajo la carátula de femicidio en grado de tentativa. Aquí la contradicción, según la óptica de la Justicia, respecto al concepto que la propia señora Kener tiene sobre su concubino, quien está acusado de tratar de asesinarla. Nada más y nada menos.

Es decir, mientras que para las autoridades existen elementos suficientes como para privar de la libertad y enjuiciar a Sanfilippo por intento de femicidio, la presunta víctima insiste con la inocencia del imputado y asegura que todo se trató de un malentendido.

Pero no sólo eso, ya que desde el primer día de la detención, a mediados de febrero pasado, la mujer lo asiste con comida, ropa y calzados; contrató a un abogado particular para que defienda a su pareja y hasta gestionó el beneficio de las visitas íntimas en su lugar de detención.

La detención

En diálogo con este matutino, Kener relató que todo comenzó el 11 de febrero pasado, a media tarde, cuando efectivos del Comando Radioeléctrico de la Unidad Regional II de Policía rompieron a patadas la puerta principal de acceso a su departamento, en el barrio Yerbal Viejo, ingresaron al inmueble y redujeron a su pareja.

“Uno de los policías sacó su arma y le apuntó a la cabeza. Le pegaron, le tumbaron y le insultaron. Le dijeron que me estaba por matar, siendo que no me hizo nada. Sí discutimos, pero no me pegó; pero un vecino llamó a la Policía y vinieron enseguida porque el Comando está en frente”, mencionó la mujer.
Luego la trasladaron a la Comisaría de la Mujer, donde sentaron las bases para la acusación en contra de Sanfilippo.

“Yo estaba en estado de shock, como que no caía de todo lo que pasó, de la Policía entrando a mi casa, los gritos, el arma en la cabeza de mi marido. La verdad que estaba alterada y ni sé lo que firmé. Ahora pienso por qué no me dieron un momento para que me tranquilice. Cuando salí de la Comisaría de la Mujer estaba tan perdida que ni sabía para qué lado quedaba mi casa. Al otro día fui a preguntar por mi marido y me dijeron que estaba en la Seccional Cuarta, pero que tenía prohibición de acercamiento. No entendía nada”, recordó.

Fue así que su hija de 16 años se convirtió en la encargada de llevar diariamente la comida al detenido, ya que la mujer no podía tener contacto con su pareja.
Afirmó que transcurrió alrededor de un mes hasta que fue citada al juzgado interviniente para declarar sobre los hechos, donde trató de aclarar la situación.
“Me leyeron la denuncia y dije: ‘Dios mío, no pude haber dicho eso’, y que firmé sin saber porque estaba alterada. Pero me contestaron que las víctimas muchas veces se arrepienten, y todo quedó así”, indicó.

Un hecho, dos versiones
En tanto, mencionó que la situación del imputado se habría complicado por el testimonio de los uniformados que tomaron parte del procedimiento.
También citaron que en el lugar del hecho hallaron un cuchillo, con el que presuntamente el acusado trató de matar a su concubina.

Como contrapartida, Kener explicó la situación de otra forma: “Arriba de la mesa de la cocina había una lata de picadillo y un cuchillo porque un rato antes mi hijo me pidió que le abra el picadillo con el cuchillo, porque no encontró el abrelatas. Pero según la Policía con ese cuchillo me quiso matar y nada que ver”.

Asimismo, mencionó que en una oportunidad un guardia de la Seccional Cuarta la dejó pasar a ver a su pareja, aunque a los pocos minutos otro efectivo le hizo notar de la prohibición de acercamiento y la sacaron del lugar.  “Después de eso a él le dieron una terrible paliza”, lamentó.

Tras permanecer cuatro meses alojado en la dependencia policial fue trasladado a la cárcel de Cerro Azul, donde se halla a la espera del juicio.
Desde entonces lo visitaba todos los domingos, sin ninguna restricción, hasta que solicitaron el beneficio de las visitas íntimas.

Para ello le pidieron análisis y su partida de nacimiento, pero cuando presentó todo le informaron que debía solicitar un permiso del Tribunal Penal Uno.
“Pero en el Tribunal me dijeron que depende de la cárcel, volví allá y ya ni siquiera me dejaron verlo ni entregarle comida. No entiendo por qué durante tres meses lo pude ver en la cárcel y ahora no. Nadie me explicó los motivos”, lamentó.

En ese contexto, mencionó que aguarda con ansias el debate oral que se realizaría el próximo año, porque “ahí voy a contar la verdad y espero que los jueces me crean. Nos amamos y queremos estar juntos, nada más”.


Caso complejo

Ante la consulta de este matutino, fuentes del caso indicaron la acusación contra Safilippo se basó en la denuncia original del 11 de febrero, aunque la presunta víctima argumentó que no recuerda lo que firmó porque se hallaba muy alterada.

Luego, en sede judicial habría tratado de aclarar la situación, aunque habrían subestimado sus dichos atribuyendo que en muchas ocasiones las víctimas de violencia de género se arrepienten de la denuncia por temor o presiones.  Lo cierto, más allá de lo que cita el expediente, la mujer insiste en la inocencia de su pareja y afirma que todo fue un malentendido.

Por su parte, una fuente judicial indicó que “se trata de un caso complejo porque la acusación es grave. Está la denuncia de la señora y el testimonio de los policías. Por ello existe una prohibición de acercamiento, ya que existen antecedentes de mujeres agredidas por sus parejas en sus lugares de detención”.

De todas formas, según indicó Kener, durante tres meses pudo visitar a Sanfilippo en la cárcel de Cerro Azul y no se registró ningún incidente, hasta que solicitaron el beneficio de las visitas íntimas y fue recién entonces que las autoridades carcelarias fueron alertadas sobre la carátula del caso y el antecedente de la prohibición de acercamiento.

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