La tragedia del Paraná, que conmueve a la sociedad misionera en estos días reavivó los sucesos de Jesús María, en la que perdiera la vida el jinete Carlos Espíndola (27) y que aún están frescos como una herida que no cicatriza, en la memoria de la provincia.
Algo las emparda: en ambos casos hay quejas sobre la organización, y en ambas también ya circulan propuestas de mejoras en la ecuación de la seguridad personal de los participantes, la variable subestimada.
Tras el accidente sufrido por Espíndola en el último festival de doma, celebrado en Jesús María entre el 8 y el 17 de este mes, se activaron algunas cuestiones referidas a la organización de las futuras jineteadas, sin descartar el proceso judicial iniciado por la Fiscalía local que interviene en la causa y las reservas legales que en ese sentido hicieron sus deudos. Delegados y testigos del hecho deberán declarar en marzo nuevamente en la Ciudad cordobesa.
En los primeros momentos, cuando se tuvo la certeza del fallecimiento de Puchito Espíndola, los propios jinetes participantes decidieron suspender la jornada aún cuando los organizadores titubeaban. El mundo de los domadores, donde casi todos los jinetes se conocen por el hecho de haberse medido en otras canchas alienta la camaradería y solidaridad más allá de la competencia; así, la jineteada es antes que nada un juego. Por este sencillo vínculo común entre los gauchos, sólo se retomó la doma cuando el padre del infortunado jinete pidió expresamente que se la reanudara, interpretando lo que hubiera sido el deseo de su hijo.
Sin embargo en la trastienda de Jesús María, lejos de los flashes y de los micrófonos ocurría el alejamiento de Hugo Caranta, capataz de campo en la noche del 14 de enero, quien fuera expulsado compulsivamente por los propios jinetes.
También se supo que esa misma noche muchos jinetes se retiraron definitivamente de la competencia, volviendo a sus provincias en clara oposición al desarrollo y fundamentalmente al sistema de elección de caballos de tropilleros.
Desde entonces y llamativamente, en las noches siguientes pudo observarse que los caballos que intervinieron eran mucho más mansos, menos retobados.
Las tropillas de caballos llegan a Jesús María desde todo punto del país, y como explicara El Territorio oportunamente, los caballos también van sumando puntaje cada noche. Desde ahora, lamentablemente tras la caída de Puchito, algo cambiará en ese sentido: los delegados de cada provincia revisarán previamente las tropillas, y aceptarán caballos que consideren aptos, o descartarán aquellos que a su juicio no lo sean. “Lo que pasa es que a veces mezclan caballos brutos, nerviosos, tan llamativamente nerviosos, que se ha instalado en el ambiente sospecha de uso de sustancias estimulantes prohibidas” se escuchó decir por lo bajo, con bronca, en Jesús María.
El tema no es nuevo; abundan casos de caballos “pichicateados” en el turf.
Falencias en el palenque
Miembros de la Agrupación Guacurarí que representó a Misiones en Córdoba, observaron “una y mil veces” el video de la trágica partida del Palenque 1 y aseguran no tener dudas: “el palenquero soltó el atador sin que el caballo tuviera posibilidad de correr, por su posición (sentado) sólo podía ocurrir lo que ocurrió; que volcase sobre sus patas traseras como un resorte sin darle al jinete tiempo de reacción.
Investigaciones realizadas sobre el palenquero indicarían que, se trata de un menor de edad lo que agravaría la situación procesal de los organizadores.
Según informaron desde la Agrupación gaucha misionera, una póliza de seguro de vida cubría a los jinetes “aunque aún no hemos recibido la copia, que solicitamos hace unos días”.
Poca seguridad
Por otra parte El Territorio accedió a la carta-invitación tipo, cursada a las delegaciones gauchas de todo el país y del exterior, por los organizadores del citado festival de doma. Según se desprende del membrete, la organización estuvo a cargo de una sociedad civil con personería jurídica, radicada en Córdoba.
La Agrupación Guacurarí solicitó a fines de septiembre de 2009 el programa del evento a la vez que remitía la nómina de los jinetes y delegado que participarían en la 45ª edición de Jesús María.
Respecto a las obligaciones de los participantes muchos puntos quedaban aclarados en dichas carta- invitación que recibieron las distintas delegaciones invitadas.
Misiones recibió la suya. Fechada en 11 de octubre de 2009, la carta solicitaba la designación de cuatro jinetes y un delegado. Los jinetes competirían en las tres categorías convencionales, crina limpia, grupa sureña, y bastos con encimera, y uno de ellos sería suplente (en esta condición viajó Carlos Espíndola a Jesús María) asimismo, según se desprende la carta, los organizadores les exigían residencia acreditada en Misiones y haber surgido de certámenes de jineteada.
En cuanto a requisitos de salud y seguridad fueron escuetos en el punto “e” y a efectos de evitar pérdidas de tiempo, los jinetes deberían llevar certificados de vacunación antitetánica, grupo sanguíneo y electrocardiograma.
Con referencia a los gastos de la delegación, la carta aclara que no se abonarían viáticos, por lo que la Agrupación Guacurarí solicitó ayuda económica a distintos organismos provinciales.
Se les exigía también, para participar, acreditación de la delegación avalada por entes gubernamentales del área de Turismo o Cultura, por lo que la delegación misionera pidió el aval a la Sub-secretaría de cultura el 4 de noviembre de 2009. La Agrupación Guacurarí se reunirá hoy en Candelaria, para fijar posiciones al respecto.
Los jinetes ganadores
Los crespenses tenían cifradas esperanzas en el desempeño de Simón Kloster Decoud (21). El jinete integró la delegación de Entre Ríos y compitió con los más importantes domadores de todas las provincias argentinas y los más destacados montadores de Uruguay, Brasil y Chile, en la categoría de crina limpia, en la que el jinete realiza todo su trabajo con las espuelas y su único sostén sobre el caballo es una lonja alrededor del pescuezo.
Allí Simón Koster Decoud demostró su fortaleza; obtuvo 71.80 puntos, imponiéndose a Ricardo Pucheta, de Capital Federal, y a Marcelo Palavecino, de Tucumán.
Por otra parte, el presidente de la Agrupación de Gauchos Santa María (Catamarca) Gustavo Moya expresó que, Franco Barbieri nos representó y puso a la provincia en lo más alto nuevamente en bastos con encimera. Desde que Santa María está clasificando enviando jinetes a Jesús María es el segundo campeonato que obtenemos”.
Y como ya se anunciara en su momento, en la categoría grupa sureña, la comisión organizadora decretó campeón post mortem al jinete de Fracrán, el entrañable Carlos Espíndola.