Washington y su bella reliquia

Martes 15 de octubre de 2019 | 17:58hs.
Desde joven, Washington desarrolló la pasión por los autos Ford A. | Foto: Franco De Olivera
 El séptimo Encuentro de Autos Antiguos, Clásicos y Especiales se realizó el sábado 5 y domingo 6 en la ciudad de Eldorado y allí participaron alrededor de 90 vehículos antiguos, entre ellos autos, motos, camiones de menor porte, entre otros. El encuentro fue organizado por la agrupación eldoradense Los Carrosaurios y  fue visitado por más de 900 personas, que disfrutaron una muestra de los modelos de vehículos utilizados por sus antepasados.

Uno de los participantes que expuso su vehículo fue Washington Segovia, un hombre de 94 años que atrapó la atención de los visitantes con su Ford A modelo 1929.

Un clásico con historia

Washington es un ingeniero agrónomo que vive en la ciudad de Eldorado desde hace 64 años. A pesar de sus años, se lo nota jovial y alegre. Desde joven desarrolló la pasión por los autos Ford A, es así que días pasados participó una vez más en el encuentro de autos antiguos.

En diálogo con El Territorio, contó que toda su vida tuvo Ford A “es más, tuve uno con el cual me movilizaba para todos lados. Viajar era una aventura. El Ford A con el que participé ahora del encuentro de autos es del año 1929. Es de mi propiedad hace unos 40 años, se lo adquirí a un señor de apellido Gómez”.

Su historia con los vehículos Ford comenzó hace tiempo. En su primer trabajo en el legendario Puerto Bemberg le habían dado una “chatita” Ford para manejar, más adelante, en 1956 adquirió otro Ford A, y este vehículo lo acompañó hasta 1959. Luego se modernizó y se compró un jeep, según su relato.

El amor y la nostalgia que sentía Washington por los vehículos Ford A hizo que hace 40 años se encontrara con uno para quedárselo. “Lo quería restaurar, ponerlo en condiciones, que el auto quede como un símbolo en la familia, ya que este modelo me había sido de mucha utilidad en mi vida. Recuerdo vagamente haber pagado 500 pesos por el Ford A que tengo ahora”.

Cuando el auto llegó al hogar de Washington, se desarmó por completo: “No estaba en buen estado, lógicamente, primero nos ocupamos de la parte mecánica, hacerlo marchar, se limpió el chasis, mi hijo compró  por ejemplo los faros en San Ignacio, el parabrisas en Posadas, las cuatro cubiertas las adquirí en Buenos Aires, nos llevó mucho tiempo restaurarlo”.

“Cuando pudo marchar, una de mis nietas -que hoy en día tiene 40 años- me pidió que la lleve a su cumpleaños de 15 en el Ford A. Lo mandamos a tapizar, se le hizo chapa y pintura, fue una de las primeras veces que salió a la calle, fue muy emocionante”.

El Ford A de Segovia forma  parte de la familia de una manera muy  especial, tanto que cuando Washington y su esposa cumplieron 50 años de casados, los souvenirs de la gran fiesta fueron pequeñas réplicas del Ford A.

El hombre, hoy ya especializado en los Ford A, dijo que “este vehículo es como un carro, tiene muy poca suspensión, un carro con motor, no es sencillo manejarlo. Una vez fui a Posadas desde Libertad con mi hermano y mi señora, tardamos entre siete u ocho horas.  Siempre viajamos, mi hermano compró una cabina de camión de madera y lo pusimos arriba del Ford A. Como yo estaba por ir a vivir a la chacra, compré tres cerdos pequeños y también los pusimos arriba del techo del Ford A, adentro del auto mi hermano puso un motor pequeño. Adelante íbamos mi  hermano y yo, atrás mi esposa con tres de las hijas mayores y al llegar a Santa Ana rompimos los frenos”.

“El freno del Ford A es a varilla, no hidráulico. Venía con cuidado, cerca de las dos de la mañana, sin darme cuenta, nos encontramos con el Cuña Pirú, una bajada muy pronunciada, el arroyo en el camino viejo faldeaba el arroyo, era largo, la única forma de frenar  era haciendo rebaje, iba en tercera, quiero bajar a segunda y no podía. Así que tomamos ese camino a máxima velocidad, gracias a Dios nadie se nos cruzó en el camino, las luces me respondieron bien y como tenía la carga tan alta, el auto no tenía equilibrio, en las curvas el auto se me ponía en dos ruedas. Finalmente llegamos al final del arroyo sanos y salvos. Comenté a mi hermano que menos mal que mi esposa dormía... miro hacia atrás y estaba ahí con los ojos grandotes y bien abiertos”, recuerda Segovia.

En 1957, Washington vivía en la chacra y tenía un vivero. Uno de sus planes en ese entonces era plantar yerba: “Yo quería hacer plantines de yerba, la mejor de todas, entonces recordé que por la ruta 101 cerca de San Antonio  había visto yerba silvestre, preparo mi Ford A con todo lo indispensable: un balde, machete, la pala, el inflador y un rollo de alambre. Emprendí mi viaje bien de madrugada, llegué a las once la mañana más o menos, coseché una bolsa y media de semillas, estaba feliz. Inicio mi viaje de regreso en mi auto y me pasa un camión brasileño a toda velocidad, se hizo una nube de polvo, no veo con claridad el camino, piso una piedra, se rompe el radiador del Ford A y una parte de la dirección, pero até con alambre, en el primer arroyo cargué agua -que era indispensable- y seguí viaje”.

Para completar el día complejo, comenzó a llover. 

“Yo quería llegar nomás, cada tanto me bajaba y apretaba la atadura de alambre, llovía, el Ford A se movía para todos lados, fue bastante engorroso todo, pero logré llegar con mi auto a mi chacra de noche y con las preciadas semillas”, recordó el hombre que más llamó la atención en el Encuentro de Autos Antiguos.

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