En el espejo hay un joven con algo de barba y hombros anchos, lleva el cabello corto y una remera azul holgada. Se mira largo rato, se estudia, se pregunta y sueña.
Hace tres meses dejó de ser una chica para convertirse en quien siempre fue, Dylan Agustín (19). El tratamiento con hormonas lo inició un tiempo antes y de ello ya resultan las características masculinas con las que se reconoce y se siente feliz.
Será la primera Navidad en que no deberá preocuparse por representar un rol, sino que se mostrará sincero, relajado y seguro, aunque su familia todavía está asimilando el cambio.
“Desde que tengo memoria me siento un varón, en la escuela tenía amigos varones, me gustaba compartir con ellos y sufría con los vestidos y moños que tenía que vestir para que mi mamá estuviera contenta”, dijo Dylan a El Territorio.
Reflexionó que este fin de año es para él un comienzo, una transición entre eso que dejó de ser para pararse en el umbral de su yo auténtico.
Contó que ya cuenta con DNI, su nombre original lo dejó atrás porque es parte de ese proceso extenso y doloroso que fue su infancia y su paso por la secundaria. Aunque no reniega, “gracias a todo lo que pasé hoy, soy esta persona que me agrada ser, en el camino aprendí muchas cosas, como que nunca hay que juzgar y que nos falta mucho todavía madurar como sociedad para aceptar las diferencias”.
Su niñez fue llevadera, ya que los niños y niñas se mezclaban para jugar y él no estaba muy consciente de la identidad que se le iba moldeando aun en contra de todas las etiquetas que la cultura impone para los géneros.
Ya en la secundaria, se sintió solo y angustiado por primera vez, sencillamente no encajaba, soportó algunas burlas, muchas, demasiadas. “Algunos compañeros me veían como a alguien raro, yo solía pensar mucho porque no tenía con quién hablar sobre lo que sentía, pensé que era lesbiana, que era eso”.
Necesitó de mucha fuerza interior para no caer ante las burlas y se largó por un camino de introspección hasta que llegó a comprenderse. Esos pantalones y remeras grandes que usaba por fin cobraron sentido. “Recién el año pasado pude darme cuenta de lo que me pasaba, yo siempre fui un varón, nunca me sentí una mujer. Me equivoqué al creer que era lesbiana y eso pasó porque no tenía toda la información. Me asesoré, escuché la experiencia de personas que pasaron por lo mismo que yo y de profesionales y estoy muy seguro de quién soy”.
En julio se decidió a aceptarse por completo pese a los consejos de cautela y a la negativa de su entorno más íntimo.
“Tengo pareja, hace unos años que estamos juntos, ella me apoya en todo lo que empecé a transitar, aunque no fue así con mi familia. Me atiendo en el hospital de Fátima, donde me hacen el seguimiento del tratamiento hormonal que ya está dando resultados”.
A futuro, espera que su voz se torne más grave y pasará por el quirófano, quizás. “Para eso falta todavía”, aclaró. “En el hospital llevan muy bien mi tratamiento, yo me siento muy feliz, con más fuerza, la cabeza me cambió por completo”.
Dylan, que hasta hace poco fue una adolescente confundida, sostuvo que “hay cambios que se notan: el vello corporal, estoy más ancho, pero internamente también me estoy descubriendo, pienso más en frío, creo que hay diferencias en las maneras de ser de un hombre y de una mujer y yo puedo entender a los dos”.
Aseguró que últimamente dejó de llorar, “antes lloraba por cualquier cosa, pero ahora no puedo, no soy tan emocional, en esas cosas siento mucho el cambio y también tengo mejor autoestima y ya no me afecta la opinión de la gente”.
Una historia propia
Dylan pide un deseo de Navidad, “que tengamos una sociedad más justa, más inclusiva, que nos podamos aceptar tal cual somos. El bullying hace muy mal a los jóvenes, hay chicos que no son tan fuertes y se deprimen al ser rechazados. Ahí sí puedo decir que soy un sobreviviente, porque aguanté que se rían, que hablen de mí sin conocerme y salí fortalecido y con ganas de generar conciencia para que quienes se sientan identificados con mi historia puedan dar este paso”.
No sirve de nada -dijo- “vivir una historia que no es la tuya sólo por complacer a los demás, yo tengo proyectos como hombre, quiero estudiar, ahora estoy trabajando pero quizás tenga un trabajo de lo que estudie, al aceptarme se abrieron las puertas para mí, porque no tengo que esconderme y aunque hice llorar a mi mamá, ahora estamos mejorando, las heridas van sanando”.
No sirve de nada vivir una historia que no es la tuya sólo por complacer a los demás, yo gané un futuro y felicidad”
Dylan Agustín
En 2012, se sanciona en Argentina la ley 26.743 de identidad de género, que establece que toda persona tiene derecho a ser tratada de acuerdo con su identidad de género y, en particular, a ser identificada de ese modo en los instrumentos que acreditan su identidad respecto de el/los nombre/s de pila, imagen y sexo con los que allí es registrada. Y a recibir tratamientos hormonales y/o quirúrgicos gratuitos o con obra social de reasignación genital total o parcial.
Por Silvia Godoy
silviaedithgodoy@gmail.com