Los mellizos Martínez, Rubén y Daniela, se reencontraron luego de 40 años. En todo ese tiempo, la familia entera buscó a la mujer, que de niña fue dada en adopción.
De esa primera charla cara a cara, pasaron tres meses y ahora volvieron a reunirse para pasar juntos las fiestas y la señora conoció al resto de los parientes.
El encuentro fue en el salón Fopar de Dos Hermanas, donde vive Rubén, el único canillita de Irigoyen.
El hombre relató que por más de 40 años buscó a su melliza, de quien fue separado a los 3 años, luego de que su padre falleciera tras una larga enfermedad.
La búsqueda fue incansable, hasta hace unos tres meses, cuando Rubén supo de buena fuente, información concreta sobre su hermana, que residía en la ciudad de Guarambaré, en Paraguay.
Hasta allá se dirigió al encuentro de su melliza. En esa oportunidad, lo acompañó su hermana mayor, Mabel, pero aún faltaba el encuentro con las demás hermanas, familiares y amigos. La emotiva cita fue esta semana y el numeroso grupo no paró de hablar e intercambiar abrazos.
Daniela mencionó: “Esto es como volver a nacer”.
Y el núcleo familiar no salía del asombro al saber que la historia de búsqueda y encuentro suscitó el interés de El Territorio.
Indicó Rubén: “Tantos años llevando diarios, compartiendo las noticias y ahora nosotros somos noticia y por encontrar a Daniela, es un regalo hermoso”.
Recordó que cuando le tocaba leer historias parecidas a la suya se emocionaba y soñaba con el día en que reuniera de nuevo a la familia.
El canillita se desarma en lágrimas, su hermana lo contiene y le seca la cara con un pañuelo.
Rubén y Daniela son los menores de cinco hermanos -cuatro mujeres y un varón-, que ahora estarán más cerca que nunca, ya que Daniela pretende afincarse con su familia cerca de su hermano mellizo.
El regreso
La mujer expresó que su hermano la buscó por años, “recién ahora me entero que tenía tanta familia, ya que éramos muy pequeños cuando nos separaron y no podía acordarme de muchas cosas”.
Y siguió: “Estoy acá regresando a mis orígenes, junto a mi hermano mellizo y mis hermanas, familiares y amigos, estoy muy feliz realmente de poder encontrarme con ellos, y poder pasar la primera Navidad que recuerde junto a mi familia completa”.
Apreció esta posibilidad como una gracia que Dios les concedió: “Es la primera vez que paso una Navidad con mi familia biológica, me siento como que volví a nacer”.
En tanto, Rubén se mostró feliz por ser el artífice de la reunión familiar.
“Hoy acá en este salón estamos todos, los hermanos juntos, era lo que siempre deseé porque nunca olvidamos a nuestra hermana y nunca la dejamos de buscar”.
Con la emoción a flor de piel, estos misioneros hacen memoria y se alegran con anécdotas viejas.
Ubicar a Daniela no fue tarea sencilla y requirió de la indagación constante de Rubén y de la ayuda de muchas personas.
“Doy gracias a todos los que apoyaron esta búsqueda”, dijo.
El clan Martínez tiene planes de compartir una Navidad con la mesa completa y bien nutrida.
Las mujeres harán su especialidad y cuando sea medianoche se tomarán las manos para agradecer el momento.
Así lo aseguró la mayor de los hermanos, Mabel: “La vida y sus vueltas nos separó, pero el destino quiso que nos volviéramos a juntar”, relató y agregó: “Los cinco crecimos separados, entre los cuatro que quedamos en Misiones había contacto, pero de Daniela perdimos toda pista hasta ahora”.
Y adjudicó a un vínculo especial entre los mellizos este reencuentro después de tantos años.
“Rubén tenía en la cabeza encontrarla, necesitaba saber que ella estaba bien”.
Luis Alves, tío de los Martínez, es como un padre para Rubén, y como cada hecho importante, lo encuentra allí junto a la familia.
“Lloré de emoción al saber que mi sobrino halló por fin a su hermana, él guardaba un recuerdo de ella, pese a que eran muy niños cuando se vieron por última vez”.
Relató Alves que la mayor preocupación del canillita era que su hermana tenga una buena vida, “él quería saber qué fue de ella, si estaba bien, si era feliz, si no pasaba necesidades”.
El camino
La búsqueda del canillita tomó años, una pista cualquiera, un dato de un pariente memorioso servían para reavivar la esperanza de reunirse con su hermana.
“Iba buscando pero me llevé cada decepción, igual nunca paramos de buscar con mis hermanas, hasta que hace algunos meses conocí a una persona que me llevó hasta donde estaba ella en Guarambaré (a 28 kilómetros de Asunción, Paraguay)”.
El viaje al país vecino fue un acierto. Después de tanta pista infructuosa, llegó el reencuentro.
“Fueron 40 años de buscar, de no perder la fe, ahora Daniela tiene la idea de quedarse más cerca de la familia y eso nos llena de alegría”, dijo Rubén.