Recibió un riñón de su hermana y después otro de su mamá - El Territorio Misiones

Recibió un riñón de su hermana y después otro de su mamá

Domingo 13 de enero de 2013
Apoyo incondicional. | Mirna con su madre Martha, la segunda donante, su hermana Silvia, la primera, y su hijo Favio. | Foto: Facundo Correa
Hace cuarenta años, Mirna Gabriela Zorat lucha por su vida. Hoy tiene 53 años, pasó por dos trasplantes de riñones (el primero de su hermana y el segundo de su madre) y ahora espera el tercero. En ese proceso, pasó por situaciones dolorosas y traumáticas, viajó a Cuba donde la operaron, sobrevivió. Tuvo un hijo y hoy, preside la Asociación Misionera Compartir.
Su problema renal se inició cuando tenía trece años con una descompostura de estómago. “Yo comencé en una época que no se sabía absolutamente nada de nada, ni se podía decir que existía un trasplante, en esa época era algo totalmente exótico pensar que te podían poner un riñón o una cornea y un corazón era impensable”.
Ni siquiera existían las ecografías en ese momento. Por eso, tuvo que viajar a Chaco donde detectaron que tenía un riñón más chico que el otro. De allí se trasladó a los 18 años hasta el Hospital de Clínicas en Buenos Aires, donde ya se estaban realizando trasplantes y hemodiálisis.
Con ansias de encontrar una solución, sus padres comenzaron a informarse sobre la enfermedad. “En el año 84 que te digan que tenés que hacerte un trasplante era una utopía”, recordó Martha Motta (71), madre y segunda donante de Mirna. “Uno debiera ser donante pero al nacer, porque si yo me voy a morir, por qué llevarme todo para que se pudra. Mi hija donó, yo doné y mirá lo bien que estamos”, destacó.

La odisea en Cuba
A los 24 años, Mirna tuvo que empezar el tratamiento de hemodiálisis. “No era lo que son ahora, eran totalmente precarias. Realmente la pasábamos muy mal, no teníamos el nivel de vida que hoy tiene un paciente de diálisis”.
Con el tiempo, Mirna empezó a empeorar y contrajo una hepatitis, lo cual complicó mucho más el futuro de su salud.
Sus padres escuchaban Radio Habana de Cuba y así se enteraron de la posibilidad de realizar un trasplante, aún si el paciente tuviera hepatitis. “Entonces yo tenía una conocida que era amiga de la mujer del embajador de Cuba. Y tuvimos que conseguir la historia clínica del hospital de Buenos Aires”. Con paciencia esperaron y mientras tanto, su madre y su hermana la cuidaban a Mirna. Luego de varias semanas llegó la respuesta positiva.
Lograr la compra de los pasajes fue tarea difícil, pero en marzo de 1988, Mirna, su hermana Silvia y su padre viajaron a Cuba. En ese entonces, ella pesaba 42 kilos y su estado de salud era alarmante.
Cuando llegaron al hospital cubano, los médicos decidieron que la donante sería Silvia y el día 26 de abril entraron al quirófano. “Me trasplanté y la verdad que reviví”, recordó Mirna y destacó la solidaridad y el compromiso del pueblo cubano.
“El día de la revolución cubana, 26 de julio, ellas bajaron desde el aeropuerto de Buenos Aires. Espléndidas las dos, todas bronceadas con las maletas”, contó Martha con una sonrisa.

El segundo trasplante
Pasaron seis años con el primer trasplante y nació Favio, su hijo, que hoy tiene 20 años.
Mirna tuvo que volver con el tratamiento de hemodiálisis y decidió viajar otra vez a Cuba. Su madre sería la segunda donante con 54 años.
Era 1994, una época muy dificil para el pueblo cubano y había escasez de elementos quirúrgicos. La familia comenzó a juntar dinero para lograr la operación y también recibieron asistencia del Estado argentino.
Lograron conseguir los fondos e inmediatamente salió el segundo trasplante, el cual fue muy exitoso. Mirna decidió quedarse en Cuba con su hijo durante cinco años.
“A Cuba yo le debo vida. Sabemos lo generoso que es el sistema”, destacó Martha. Luego reflexionó, “yo creo que en la vida todo se logra. Pero tenés que ser muy activa y estar muy atenta. Porque nadie te dice las cosas y la ignorancia a veces se paga con la vida. Entonces lo importante es tratar de conocer los derechos que tenés como ciudadano”.
En este sentido, Silvia agregó: “Es cierto que existen los derechos, pero hay que reclamarlos y mucho. En esa época ya estaba la ley pero no le querían dar ni la pensión, no le querían trasplantar, y acceder era difícil. Ahora avanzó mucho, no hay tantos obstáculos. El trasplante hoy en la Argentina no sale ni un peso y el Ministerio de Salud Pública se hace cargo”.

A la espera
Mirna retornó a Argentina, vivió un tiempo en Buenos Aires y ahora permanece en Posadas, donde dirige la asociación.
El segundo trasplante le duró 17 años y tuvo que retomar el tratamiento de diálisis. “Acabo de completar todos mis estudios para ponerme en lista de espera para un trasplante cadavérico que seguro saldrá este año y será en Posadas”, expresó con una sonrisa.
Asimismo, la familia coincidió:“el éxito de trasplante en Posadas es igual o mejor que en Europa”, y agradecieron el trabajo del médico Joaquín Augusti en la Capital misionera.

La ley y los avances
Desde el 2004, recordó Mirna, se inició una fuerte campaña para promocionar el trasplante desde la Salud Pública y luego se aprobó la ley de donante presunto. “Comparando desde mis 14 años que comencé con mi enfermedad renal a ahora, hay una evolución importante, porque hay pacientes en diálisis que te ayudan a vivir. La diálisis es lo que te salva la vida, pero el trasplante es hasta más económico para el Estado, es más ecológico, porque todo lo que se gasta es terrible”.
En este sentido, Martha aclaró que solo es necesaria la hemodiálisis cuando no funcionan ninguno de los dos riñones, y luego denunció: “Hay una cosa que tienen que saber, hay un negocio muy grande en los tratamientos de los enfermos del riñón que es la hemodiálisis, cobran 600 pesos o más, cada uno y los médicos que la hacen no les conviene que el paciente salga de ahí. Acá hay médicos que tienen edificios con el comercio de la hemodiálisis”.
Por su parte, Silvia recordó la ley de donante presunto: “Se presume que todos son donantes salvo que manifiesten lo contrario”. La nueva normativa establece que toda persona capaz y mayor de 18 años pasa a ser donante de órganos y tejidos tras su fallecimiento, salvo que haya manifestado su oposición.
Con el deseo de sensibilizar sobre el valor de la vida, Martha expresó: “Lo lindo sería que la gente que tiene que donar abriera la cabeza. La empatía con el otro. Si yo voy a dejar este cuerpo, para qué me voy a llevar los órganos a la tierra que se pudren. Le dejo a alguien para que viva; pero ese es un trabajo de la conciencia, una evolución del ser humano. El ver al otro como un par, sin que sea un hijo”.


Opiniones
“Lo lindo sería que la gente que tiene que donar abriera la cabeza, que tenga empatía. Ver al otro como un par, sin que sea un hijo”.
Martha Motta
Madre y donante.


“Comencé con mi problema renal en una época que no se sabía nada de nada y un trasplante era un utopía”.
Mirna Gabriela Zorat
Hija y trasplantada.



Trabajar en la prevención
La asociación misionera Compartir nació en 2010 con el fin de sensibilizar sobre la importancia y necesidad de donar órganos y tejidos, asistir a los pacientes y donantes en el proceso y dar a conocer la Ley 24.193 que se relaciona al tema. Según informó, Mirna Zorat, presidente de la entidad, hay 246 personas en lista de espera y más de 500 se están realizando diálisis.
“Pienso que una de las tareas como asociación es ver el tema de la prevención, porque llegan tarde a diálisis. Al paciente renal no es que le duele el riñón cuando está enfermo, a veces le duele la cabeza o tiene descompostura del estómago. La sintomatología es muy difusa, se llega tarde al diagnóstico final que tiene que hacerse diálisis. Entonces muchos fallecen en el tránsito al diagnóstico y otros llegan tarde, y cuando se descubre es poco lo que se puede hacer”, advirtió Zorat.
La cantidad de pacientes que se realizan trasplantes en relación a la lista de espera es del 10 por ciento. “Tenemos que hacer un gran trabajo para que haya una conciencia, pero no sólo de parte de la población, porque la población en seguida es solidaria cuando hay que donar. El problema son las organizaciones que tienen que trabajar para que la salud pública se maneje, el problema son los jueces, que tienen que firmar cuando hay un donante, los médicos de emergencia de los hospitales públicos donde hay pacientes que están en posibilidad de ser donantes y que ellos no lo dicen, el problema no somos nosotros, es la estructura. Entonces contra eso tenemos que luchar”, sostuvo.
Para comunicarse con la asociación llamar al teléfono 376 44-00826 o 44-61448.

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